La máscara

En la sociedad actual está muy al uso que las personas lleven una máscara, y así el carnaval es continuado; de cualquier cuestión organizamos un festival y con ello nos tapamos la cara para ocultarnos nuestras hipocresías y nuestras carencias…
Pero quiero expresar con conocimiento de causa el simbolismo de la máscara, esta varía en según qué lugar del Planeta; una cosa es la máscara del teatro en que los distintos personajes tienen que jugar su papel en la función, pero encontramos a muchas personas que se tapan su cara para ocultar su conducta, sus fechorías que cometen por no practicar la ética de las cosas positivas, sus mentiras son su primer plato diario.
La máscara exterioriza a veces las tendencias más oscuras que llevamos dentro, o sea las partes negativas y ruines de la persona que llevamos en nuestra mente, ¿cuándo seremos capaces de presentarnos con la desnudez límpida de un corazón amoroso?
La hipocresía es una máscara más de las muchas que tenemos de repuesto, estas máscaras son como capas de cebolla que nos hacen llorar por ser artificiales en las cosas de nuestra vida cotidiana, la máscara opera en nosotros una catarsis en nuestras vidas y que de rebote padecen las personas que están a nuestro alrededor, esto lo estamos sufriendo cuando ciertas amistades a las que les has dado muchas cosas son indiferentes.
“Las máscaras ocupan igualmente la función de agente que regula la circulación, tanto más peligrosa cuando invisible de las energías naturales que están dispersas y que no controlamos”. (Diccionario de Símbolos, p. 697)
Las máscaras reaniman a los intervalos regulares de los mitos que pretenden explicar los orígenes de las costumbres cotidianas. Pero en muchas ocasiones no hace falta que nos pongamos ninguna máscara, nuestra conducta de vida en sí es el disfraz de nuestra mediocridad, y al mismo tiempo demuestra de la solera que estamos hechos.
Las personas imprevisibles en sus pensamientos y hechos son también aquellas que están inseguras de sí mismas y para esconder sus carencias tienen que llevar varias máscaras para que las personas no detecten sus irregularidades o fallos en su vida cotidiana, pero también son verdaderos espectáculos que en el transcurso de sus acciones no toman conciencia de la realidad que les circunda, ¿cuánto tendremos que aprender en la vida que estamos viviendo, para que no necesitemos las máscaras?
La multiplicidad de las fuerzas que circulan en el espacio explicaría la variedad de composición de las máscaras, en la que se mezclan figuras humanas y formas animales en temas indefinidamente entrelazados y a veces monstruosos.
Pero las máscaras tienen sus peligros para aquellos que las usan; cada máscara tiene unas energías que en la mayoría de las veces quieren suplantar lo que no son y a esto le digo yo hipocresía, o un estado de espejismo, nadie podemos ser como el otro, cada uno tenemos nuestro Yo. “Dice la gran ley: Para llegar a ser conocedor del YO ENTERO, debes primeramente ser conocedor del yo. Para lograr el conocimiento de tal yo, debes abandonar el yo al no YO.
Los SABIOS no se detienen jamás en los jardines del recreo sentido.
Los SABIOS desoyen las halagadoras voces de la ilusión. El Yo material y el Yo espiritual jamás pueden estar juntos. Uno de los dos tiene que desaparecer: no hay lugar para entre ambos”. (La Voz del Silencio)
Pero la máscara tiene algún peligro para el que la lleva, esta atrae energías que capta y que son de carácter negativo, toda máscara esconde la naturalidad de quien la lleva…
7.9.17. J.T.D.
